El joven Julián buscaba un hallazgo insólito en la vieja biblioteca. No deseaba tesoros de oro, sino el manuscrito número noventa y nueve. Al abrirlo, una ráfaga de viento agitó las páginas y las letras parecieron cobrar vida. Aquel relato cambiaría su perspectiva sobre el universo para siempre. Sonrió con satisfacción: el éxito estaba en sus manos.

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